Ya veis que suelo escribir sobre los aceites esenciales más
comunes, más versátiles. También es cierto que lo que yo os pueda contar lo
podéis encontrar en los buenos libros de Aromaterapia o Aromatología (algunos de los que os propongo en Bibliografía).
Aún y así me gusta ir haciendo estas pequeñas entradas para que tengáis unas
pinceladas sencillas sobre algunos de los aceites que más utilizo porque así
también os puedo contar mis experiencias sobre ellos.
Hoy os voy a escribir sobre un aceite que me gusta
especialmente. Aún habiendo ya realizado algunos cursos no lo conocía y llegó a
mi recomendado por uno de mis profesores cuando le pedía la lavanda o la
mandarina con idea de tener un aceite relajante. Y aunque no es exactamente un
aceite calmante me encantaron sus propiedades. Y su aroma. Tiene un aroma muy
especial y no puedo vivir sin él…
Aunque para mí todos los aceites esenciales son mágicos
porque a nivel energético hacen maravillas hay algunos que son considerados
“místicos” o “sagrados” por su uso a lo largo de la historia, por sus
propiedades sutiles, por su capacidad para transportarnos a estados únicos…
Estos aceites son la Mirra,
el Incienso, el Nardo, el Nerolí… Y el Elemí.
Aceite esencial quimiotipado de Elemí (Canarium luzonicum -
limoneno, elemol)
Entre sus propiedades más interesantes están el ser
cicatrizante y antiséptico por lo que se usa en caso de úlceras, abscesos,
cicatrices y otros problemas de piel inflamada como ingrediente en ungüentos y
pomadas. Fantástico en productos para después del afeitado o depilación.
También es descongestionante y como tiene un aroma intenso
es muy interesante en sinergias para masaje en el pecho cuando hay resfriado,
tos, mucosidad…
También es un buen tónico digestivo y diluido en aceite vegetal
ayudará en casos de mala digestión.
Quizá su propiedad más interesante es la energética: ayuda a
reequilibrar las energías. ¿Os suena
a cuento? Probadlo. ;)
Cuando hemos pasado días de nervios y estrés, cuando hemos
recibido una mala noticia, este aceite nos da un empujoncito. Se aplica diluido
en aceite vegetal, en masaje, a lo largo de la columna vertebral. También se
puede utilizar cuando estamos bajos de energía, cuando estamos cansados.
El Elemí es fantástico también en casos de dolor de espalda,
cuando hay músculos “como bloqueados”, cuando sentimos la nuca en tensión. Este
aceite corrige la postura, recentra (física, emocional y energéticamente),
calma la tensión…
Es un aceite que ayuda en esos días que tampoco sabemos muy
bien qué nos pasa: falta de apetito, cansancio, dificultad para concentrarnos,
sentimos que los hombros nos pesan, que el cuello no puede con la cabeza, que
nos duele la nuca, el peso del mundo sobre nuestra espalda… Un pañuelito, unas
gotas, unas respiraciones del aceite…
Es un aceite mágico porque ayuda en momentos de
“dispersión”. Cuando no sabemos qué hacer, cuando tenemos que tomar una
decisión y parece que hay tantas variables que jamás sabremos a qué hacer caso
y qué dejar de lado. Nos ayuda a centrarnos para ver lo esencial, lo más
importante pero sin dejar de lado los detalles que nos permitirán elegir un
camino u otro.
Es uno de esos aceites que ayudan a la concentración. Pero
no tanto para estudiar, leer o memorizar, sino más bien para escucharnos a
nosotros mismos, para indagar en nuestro interior y encontrar soluciones
constructivas.
Es un aceite positivo, tonificante, que da fuerza… En
sinergia para difusión con el incienso y el limón es un auténtico lujo para la
meditación.
Para el dolor de espalda, o las tensiones en la nuca yo
preparo esta sinergia:
- 50 ml de aceite vegetal.
- 5 gotas de aceite esencial de Elemí (Canarium luzonicum)
Si es durante el día y necesitamos un aporte de energía se
puede añadir:
-
1 gota de aceite esencial de Menta Piperita (Mentha
piperita)
Si es antes de ir a dormir:
-
1 gota de esencia de Mandarina (Citrus reticulata)
y/o
-
1 gota de aceite esencial de Ylang-Ylang (Cananga
odorata)
¿Lo conocíais?
¿Os gustaría probarlo?
¡Un saludo aromático!